Entre dos lagos suizos hay viñedos, cascadas de catorce niveles y saunas flotantes

Suiza exporta apenas el 1% de su vino, y en Interlaken puedes probarlo.

En las laderas de Spiez, sobre el Lago Thun, hay viñedos con registros que se remontan al año 994. Lo que ahí se produce prácticamente no sale de Suiza, de manera que probar una copa de ese Pinot Noir frente a la bahía es de esas cosas que solo ocurren si uno va hasta allá.

El pueblo se alcanza en barco desde Interlaken, en un trayecto donde el paisaje se acomoda entre castillos medievales, casas señoriales pegadas a la orilla y, al fondo, el trío de montañas que domina la región: el Eiger, el Mönch y la Jungfrau.

El otro lago tiene otro color y otras historias

El Brienz es de un turquesa intenso que viene del glaciar, y su orilla guarda una de las paradas más particulares de la zona. En Giessbach, un funicular que funciona desde 1879 sube hasta un hotel de la Belle Époque, con unas cascadas que caen en catorce niveles como sonido permanente de fondo. Hay un sendero que pasa por detrás de la cortina de agua.

Más adelante está el pueblo de Brienz, donde el tallado en madera lleva más de dos siglos de tradición. Se puede ver en el museo local o probar uno mismo, tallando una vaca de madera de las que se han vuelto símbolo del lugar.

Sauna flotante y tina caliente con motor

La zona resolvió de manera bastante creativa el asunto del descanso. En el Lago Thun opera el Sauna Boat, una embarcación eléctrica de madera con ventanales hacia los Alpes, donde uno alterna el calor seco del sauna finlandés con un clavado en el agua fría del lago.

En el Brienz la idea va más lejos con el HotTug, que es literalmente una tina de agua caliente a 38 grados con motor eléctrico, y que uno conduce por el lago mientras está adentro. Para algo más convencional están el spa del Victoria-Jungfrau y el del BEATUS, este último con paso directo de la alberca de agua salina al lago.

Hoteles que son parte del viaje

Al Grandhotel Giessbach se llega en barco y luego en el funicular centenario, y amanecer ahí significa despertar con el ruido de las cascadas. El Victoria-Jungfrau está en el centro de Interlaken, frente al parque Höhematte, donde los parapentes aterrizan a diario como parte del paisaje cotidiano.

Y el Hotel Interlaken acumula más de 600 años de historia, lo que lo coloca entre los más antiguos de Suiza.

Qué comer además de fondue

La cocina del Oberland Bernés va bastante más allá del queso derretido, aunque ese también tiene su lugar. Está la raclette, que se raspa fundida sobre papas calientes, y la Berner Platte, una fuente de carnes y embutidos de la región.

De los lagos salen el corégono, la trucha y la perca, que los restaurantes de la orilla preparan frescos. Y hay una versión del fondue que solo existe aquí: una mesa montada sobre una balsa que recorre el río Aare al anochecer durante el invierno.

Para acompañar, además del vino de Spiez está la cerveza Rugenbräu, que se hace a las afueras de la ciudad, y un whisky de malta que madura en las alturas del Jungfraujoch.

Imágenes cortesía de sus respectivas marcas.

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