¿Por qué cada vez más mexicanas eligen tinte sin amoníaco?

Teñirse el cabello dejó de ser, para muchas mexicanas, un asunto de canas. La práctica está tan extendida —se estima que alrededor del 65% de las mujeres en México usa algún tipo de coloración, y dos de cada tres lo hacen desde casa— que hace tiempo superó su función original. Hoy el tinte es también una herramienta de estilo, y ese desplazamiento ha cambiado por completo lo que las consumidoras le exigen al producto.

Lo que buscan es cada vez más específico: mantener una imagen alineada con su estilo personal, experimentar con tonos nuevos o conservar su color favorito durante más tiempo. A esas motivaciones se ha sumado una exigencia que antes era secundaria: que el cabello luzca sano. El brillo, la suavidad y la apariencia general del pelo pesan ahora en la decisión de compra casi tanto como el color en sí. «Hoy vemos consumidoras más informadas, que buscan soluciones alineadas con sus necesidades y estilo de vida», explica Javier Pérez, especialista de Wella, quien resume la tensión de la categoría: algunas priorizan cobertura y duración; otras, los beneficios de cuidado.

Esa diversidad de expectativas ha empujado a la categoría a multiplicar sus propuestas, pero también ha puesto sobre la mesa un factor que solía ignorarse: no todos los cabellos responden igual. La porosidad (la capacidad del cabello para absorber y retener humedad y producto), el uso frecuente de planchas y secadoras o los tratamientos químicos previos modifican la manera en que el pelo toma y conserva el color. De ahí que el diagnóstico capilar —entender con qué tipo de cabello se está trabajando— sea cada vez más determinante para lograr el resultado esperado, sobre todo cuando la aplicación ocurre en casa, sin un profesional de por medio.

Dentro de ese reacomodo, una tendencia se ha vuelto difícil de ignorar: el interés creciente por las fórmulas sin amoníaco (el compuesto que tradicionalmente abre la cutícula del cabello para fijar el color, pero que puede resultar más agresivo). Es el terreno en el que se inscribe el lanzamiento más reciente de Wella, Koleston Deluxe, una coloración permanente sin amoníaco que la marca plantea para cubrir canas y mantener el color por más tiempo, sumando al mismo tiempo beneficios de cuidado. Más que un producto aislado, funciona como síntoma de hacia dónde se está moviendo toda la categoría.

El cambio de fondo, en realidad, es de prioridades. El color sigue siendo el protagonista, pero ya no viaja solo: la experiencia de aplicación y la salud del cabello forman parte de la misma conversación, y las consumidoras valoran tener opciones que se ajusten a su rutina más que una única solución universal. Detrás de todo ello hay una idea que la industria ha tardado en nombrar con claridad: para muchas mujeres, teñirse es menos una reparación que una forma de renovarse, expresar quiénes son y sentirse a gusto consigo mismas.

Imágenes cortesía de sus respectivas marcas.

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