McQueen volvió a desfilar en Londres y dejó fuera el rojo que la acompañó durante años

Seán McGirr presentó la colección primavera-verano 2027 bajo una capilla, con Londres como inspiración y la sastrería como protagonista.

Durante mucho tiempo el rojo fue uno de los colores que más se asociaban con la casa, y en esta colección no apareció ni una vez. La paleta se quedó en el negro, el gris y el blanco, con tul ahumado y flores ácidas estampadas sobre organza reflejante, y apenas algunos toques discretos de verde, rosa o azul.

Fue la manera en que McGirr marcó distancia, en la primera vez en años que la marca regresa a la pasarela de la ciudad donde nació. El director creativo describió la colección como una celebración de Londres y de su espíritu subversivo, con todas sus contradicciones: lo moderno junto a lo histórico, lo sagrado junto a lo que ocurre en las fiestas clandestinas.

Un desfile bajo una capilla

Esa idea de lo sagrado se trasladó al lugar elegido, el Undercroft de la capilla de Lincoln’s Inn, un espacio abovedado bajo el templo, en uno de los antiguos colegios de abogados de la ciudad. El escenario acompañaba bien una colección que mezclaba códigos de gala con piezas de espíritu más rebelde.

La sastrería se robó la colección

McQueen suele asociarse con vestidos de noche, pero esta vez los trajes de pantalón ocuparon buena parte de la pasarela. Para la parte masculina, la casa volvió a trabajar con Huntsman, una de las sastrerías históricas de Savile Row, la calle londinense donde se hacen trajes a la medida desde hace más de dos siglos, y juntos crearon tres siluetas.

La sastrería femenina siguió la misma precisión con otro trazo: chaquetas donde el cuerpo y el cuello se extendían hacia unos hombros y mangas ligeramente alados.

Quien fuera por los vestidos también tuvo lo suyo. Hubo minifaldas voluminosas y escalonadas, y vestidos esculturales más cortos por delante que por detrás, algunos combinados con arneses de satén lacado y piel creados por el joyero Shaun Leane, que además firmó piezas de metales preciosos pensadas para llevarse sobre el cuerpo.

Modelo caminando en una pasarela con un vestido largo de encaje adornado con calaveras, complementado con zapatos altos y un bolso de mano.

Lo que se quedó

Aunque McGirr está construyendo su propia versión de la casa, dejó un guiño para los seguidores de siempre: un vestido de encaje ceñido cuyo tejido reproducía las calaveras que se volvieron emblema de la marca.

Imágenes cortesía de sus respectivas marcas. McQueen PV27

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