La Academia que entrega el Ariel cumple 80 años y la Lotería Nacional lo lleva por todo el país

Hay instituciones que pasan inadvertidas hasta que se mira lo que sostienen. La Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas es una de ellas, conocida sobre todo por el premio que entrega, el Ariel, esa estatuilla que cada año reconoce lo mejor del cine nacional. Este 2026 cumple ochenta años, y la Lotería Nacional decidió celebrarlo de una forma que viajará por todo el país, dedicándole su Sorteo Mayor del 7 de julio.
La historia que hay detrás justifica el homenaje. La AMACC se fundó el 3 de julio de 1946 en una casa de la calle Roma de la Ciudad de México, en pleno auge de la llamada Época de Oro, de la mano de figuras como el cinefotógrafo Gabriel Figueroa, el director Alejandro Galindo y el actor Fernando Soler, entre otros fundadores. Apenas un año después, en mayo de 1947, esa misma comisión entregó por primera vez el Premio Ariel, una estatuilla creada por el escultor Ignacio Asúnsolo e inspirada en un libro homónimo del uruguayo José Enrique Rodó.
El acto de develación, celebrado en el Teatro de la Lotería Nacional, reunió a buena parte de la comunidad fílmica, con la presencia del cineasta Alfonso Arau y de actores como Dolores Heredia y Juan Manuel Bernal. Más que un trámite protocolario, las intervenciones funcionaron como un breve retrato de cómo se entiende hoy el cine mexicano. Heredia lo resumió con una imagen, la de pertenecer a una herencia que no se rinde. «Somos los herederos de una terquedad luminosa, la de seguir contando nuestras propias historias», dijo la actriz.
Esa idea de continuidad se cruzó con otra, la del cine que viene. El presidente de la Academia, Daniel Hidalgo, puso el foco en los cineastas jóvenes que ya están filmando con una cámara prestada, con un teléfono o con lo que tengan a la mano, y a quienes imagina ocupando estas sillas en el futuro. Por su parte, Bernal describió un presente más plural que nunca, con películas hechas por mujeres, por personas de pueblos originarios en sus propias lenguas y por directores de todos los estados del país. El cine mexicano, vino a decir, ya no le pertenece a una sola mirada ni a una sola ciudad.
Detrás de la celebración hay un trabajo menos visible que el de las alfombras rojas. La Academia investiga, restaura películas y organiza ciclos gratuitos en alianza con instituciones como la Filmoteca de la UNAM, IMCINE y la Cineteca Nacional, además de formar parte de una federación iberoamericana de academias de cine. Es la parte que rara vez aparece en los créditos, pero que sostiene la memoria audiovisual del país.
Por eso el gesto de la Lotería tiene su lógica. Convertir ocho décadas de cine en un billete que recorrerá puestos de todo México es, a su manera, una forma de reconocer que esas historias también nos pertenecen a quienes las hemos visto en pantalla.
Imágenes cortesía de sus respectivas marcas.







